Auto sabotaje o mi búsqueda de un baño por Paris.
Maisons-Laffitte 4 de Enero de 2022
Como la auto traición, el auto
sabotaje, funcionan a la perfección. Así como también lo contrario, el
alentarse, el focalizarse y hacer que todo fluya hasta donde queremos ir.
El 2 de diciembre tuve mi primera
consulta con el kinesiólogo al que me derivó la dentista por el tema del
bruxismo.
Siempre me dijeron que tenía los
dientes como limados, pero yo no me había dado cuenta de que el bruxismo tiene,
como mínimo, dos estrategias para conseguir su objetivo de joderme la dentadura.
Una es la clásica que uno escucha cuando alguien hace rechinar los dientes y la
otra, es silenciosa, e implica apretar muy fuerte los dientes y luego hacer
movimientos no muy grandes que al final van dañando la encía. Es como cuando
apretamos con un dedo un lugar del cuerpo y luego hacemos movimientos pequeños
como para hacer un masaje, nada mas que en este caso donde hacemos finalmente presión
es en las encías y con el movimiento las vamos dañando y ellas se van retrayendo.
En fin, todo esto para explicar algo
que tuve que aprender, y que recién cuando lo hice me di cuenta de que era un
tema a solucionar en mi vida (vaya novedad, siempre funcionamos de la misma
manera, hasta que no lo vemos no hacemos nada).
Me entusiasmó la idea de ir a un kinesiólogo
cuya dirección fuera “78 Avenue de Champs Elysees”. Siii, la avenida mas linda
del mundo, por lo menos eso dicen.
Nunca había entrado a un lugar de estos
más allá de lo que son las clásicas galerías o negocios.
El primer día que llegué al 78 de Avenue
de Champs Elysees no pude entrar.
Vi que era un edificio con una gran galería
que lo recorría como un gran pasillo central, con salida dos calles y también vi
que estaban animando a la gente a desalojar el edificio porque había una alarma,
posiblemente de incendio, sonando a todo volumen.
El día estaba super frío y entre la
gente que tuvo que salir del edificio había un grupo que se ve estaba tomando
una clase de alguna actividad física. Salieron en musculosa, shorts, calzas, y
afuera los esperaba un frío de locos. Le ofrecí mi bufanda a una chica que hacía
gestos que me decían “me estoy congelando” pero no la aceptó porque, según ella,
me la iba a ensuciar con su transpiración.
En fin, menos mal que enseguida la
alarma dejó de sonar y nos dejaron pasar.
Pasando a mis rutinas matutinas, soy
de las que sigue el ritual al pie de la letra. Cada mañana, incluyendo sábados y
domingos, me preparo el mate, el agua en el termo alrededor de los 87 grados,
me instalo en el mismo lugar de la mesa, aunque esté sola, y me la paso ahí,
entre mate y mate, mirando el IPad, el teléfono y la Televisión todo al mismo
tiempo. Esto puede estar acompañado de un muffin de mi propia fabricación, o de
pan dulce ahora que estamos todavía en estas semanas en las que no sabemos cuándo
los festejos de fin de año se pueden dar por terminados.
Mis mates mañaneros hacen que, al
rato, me muera de ganas de hacer pis.
El 2 de diciembre repetí el ritual
del mate al pie de la letra, y después me vi sentada en el RER A yendo para
Champs Elysees. Mi consulta era a las 10:30 am.
Cuando llegué ya estaba pensando en
que necesitaría un baño en algún momento para poder volver a casa sana y salva.
La sesión de kinesiología estuvo
estupenda, los masajes en la cara y el cuello fueron algo buenísimo. Nunca me había
hecho algo así. Creo que este tipo de masajes tienen que ser parte de la vida. Ojo que no me refiero a los que te suelen dar en algún lugar de estética, estos son diferentes. Mucho mejor que cualquier cirugía. Se los recomiendo.
Salí de ahí con la idea fija de
encontrar un BAÑO ¡!!! Caminé por Champs Elysees en sentido contrario al Arco
del Triunfo y no pude encontrar ninguno. No tenía intenciones de sentarme en un
bar simplemente para levantarme al segundo e ir a hacer pis.
Desilusionada y desesperada volví
sobre mis pasos, tomé el RER A, me bajé 15 minutos después, respiré hondo y
paré en la óptica a retirar mis anteojos multifocales nuevos, prueba va, prueba
viene, escuchar las explicaciones, pagar el saldo, etc, etc, y caminé lo que me
quedaba hasta el departamento.
Llegué y, sin desesperación para mi
asombro, logré cumplir mi sueño.
El 14 de diciembre tuve mi segunda sesión
de kinesiología.
Pensé en no tomar mates, pero la inercia
de mis propias rutinas me terminó doblando la voluntad.
Otra vez me vi sentada en “mi lugar
de la mesa”, tomando mates, con el agua entre 87 y 90 grados, comiendo muffin y
viendo al mismo tiempo el IPAD, el Teléfono y la Televisión.
Otra vez el RER A, caminata, sesión de
kinesiología y esa idea fija que cada vez se hacia mas fuerte de “tengo que
encontrar un baño”.
Pero como la primera vez no lo había conseguido
ya venia resignada a aguantar.
Caminé con paso vivo para volver a
tomar el RER A, no paré en ningún negocio en mi vuelta a casa, y llegué a
tiempo para ir al baño.
Mi próxima cita con
el kinesiólogo fue el 4 de enero del 2022.
Esta vez, antes
de salir de casa ya me empecé a decir a mi misma que estaría bueno poder
encontrar un baño y así no tener que andar sufriendo por la vida.
Me dije “Cynthia
te mereces encontrar un baño”. “Año Nuevo, Vida Nueva”.
Esta vez no tomé
mates. Muy a pesar mío me resigné a tomar una taza de té y comer, como no, un
poco de pan dulce. Mi consulta era a las 10:15 y después de viajar en el RER A
salí a una Champs Elysees gris, lluviosa, fría y apagada.
Cuando llegué al 78 de "La Avenida", esta vez reparé en un cartel que había en la entrada que nombraba los negocios presentes en esa galería y, aparecía esa mágica, angelical imagen de una mujer y un hombre uno al ladito del otro.
Siiiiiiiiiii,
en la galería había baños y yo nunca lo había percibido sino hasta hoy!!!!.
Qué alegría me
dio saber que mis deseos de esta mañana habían sido finalmente escuchados (o
que yo había dejado de nadar contra la corriente, había corrido al pesimismo
por un rato y se había hecho la luz).
Igual, aunque la
tentación era inmensa, tuve que dejar la búsqueda para otro momento porque sólo
me quedaban tres minutos para mi consulta. El kinesiólogo siempre había sido muy
puntual y yo no sabía qué laberintos tendría que recorrer para encontrar el baño. Así que respiré hondo y fui hasta el consultorio.
Llegué, toqué el
timbre. El kinesiólogo me abrió la puerta y me dijo que esperara un momento,
estaba terminando con el paciente anterior.
Me saqué el
abrigo, acomodé el paraguas y en ese momento me llamó la atención un cuadro justo al lado de la puerta de entrada. Un cuadro que seguramente había estado en ese lugar, a la altura de mis ojos, las dos veces anteriores.
El cuadro dice:
Los baños se
encuentran en el pasillo
Mujeres: 3era puerta a la derecha código A1260
Hombres: 4ta puerta a la derecha código 8531 y presione Enter.
Whatttttttttttttttttttttttttttttttttttttt !!!!!!
Y si, la respuesta a mis ruegos estuvo siempre enfrente de mis ojos, pero yo no la vi recién hasta hoy.
¿Cómo puede ser?
¿Cómo puedo
volverme ciega frente a las soluciones que me brinda el universo?
No lo sé, pero
la respuesta estaba ahí, disponible, sencilla, cerquísima.
Aprovechando que
el paciente anterior todavía no salía fui a disfrutar de esta maravilla que
implica tener el baño sólo a 3 puertas de donde estaba.
Todo limpio,
papel higiénico, jabón y todo para secarse las manos.
Las coincidencias, casualidades, que en realidad no lo son.
¿Y después de
esta experiencia me pregunto cuántas otras respuestas a mis ruegos no puedo
ver, aunque estén enfrente de mis narices?
No sé cual es el
mecanismo por el cual a veces veo y a veces no veo, no puedo identificar un patrón
que me lleve a un final o a otro, pero lo cierto es que es seguro que yo tengo
mucho que ver en ello.
Mi próxima
consulta con el kinesiólogo es en dos semanas.
Seguro iré más
tranquila, sin apuros, sin apremios, sin incertidumbres, por lo menos las que
se refieran a dónde conseguir un baño.
Cynthia

Jajaja!!!!
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